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domingo, 20 de junio de 2010

FORO DE BARCELONA. 19 de junio de 2010.




Ayer estuve en Barcelona. Se celebraba el Foro Lo que la Evaluación silencia, Un caso urgente: el autismo. Fue un éxito más del psicoanálisis en España luchando contra la segregación que implica la ideología de la evaluación, su impostura, y los efectos horribles que produce en la medicina, la enseñanza, la psicología, el arte, y...el autismo.
Me impresionó el testimonio de muchos padres, también el de Félix Rueda, psicoanalista en Bilbao, que casi se emociona recordando a uno de los primeros autistas que trató, y el de algunos profesores, especialmente el de la profesora de Filosofía de la Universidad. Pero, para mí, estuvo especialmente brillante la intervención de Jorge Alemán, psicoanalista, y la de José Andrés Tores Mora, prof. de Universidad y Diputado. La foto corresponde al momento de la intervención de Torres Mora, le escuchan Lolita Bosch, la escritora barcelonesa, y Jorge Alemán y Ubieto, psicoanalistas.
En Twitter subiré una frase de varios intervinientes de ayer.


Al final leímos varios comunicados apoyando nuestro trabajo. Me tocó leer el de la Senadora Miriam Andrés, palentina, que en principio iba a asistir, pero que al final envió el siguiente texto:




Desde el Senado para el Foro de Barcelona, (Lo que la Evaluación silencia, un caso urgente: el autismo). Barcelona, 19 de junio de 2010.

Mensaje de la Senadora Dña. Miriam Andrés,Vicepresidenta de la Comisión de Sanidad y Política Social del Senado.

La historia de mi relación con el colectivo del psicoanálisis comienza con el interés que me suscitaron las personas relacionadas con el TDHA y por los diagnósticos, tratamientos y rehabilitación de los niños y niñas que sufren el trastorno de déficit de atención e hiperactividad. En aquel momento, la ayuda de mi amigo, el palentino Fernando Martín Aduriz me hizo comprender un poco mejor las opiniones encontradas tanto en el psicoanálisis, como en la medicina y en la industria farmacéutica.
En esta ocasión, y ante la realización de su Foro, mi interés es el mismo. El trastorno del espectro autista ha pasado en apenas dos décadas de registrarse 1 caso por cada 2.500 nacimientos a 1 caso por cada 150, siendo cada vez más los menores diagnosticados de autistas.
Vayan por delante mis disculpas por no poder acompañarles, pero el Primer Encuentro de parlamentarios del ámbito de la sanidad me impide asistir.
Como Vicepresidenta de la Comisión de Sanidad y Política Social del Senado quedo a su disposición para dar cauce parlamentario a todas aquellas conclusiones que se deriven de su trabajo en este Foro.
Soy consciente de que actualmente los instrumentos diagnósticos disponibles son difíciles de aplicar a los más pequeños. Los síntomas primarios del autismo, como ustedes conocerán bien, cambian con la edad, que en ocasiones, y de manera especial en los menores de tres años, ciertos retrasos y alteraciones del patrón de la interacción social pueden ser confundidas con timidez, temperamento inhibido o con rasgos evolutivos relacionados con características familiares o viceversa.
Les pido, por tanto, nos hagan llegar sus conclusiones, que sin duda nos ayudarán a mejorar tanto la atención a las personas con autismo contemplada en la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud, como en la adopción de las medidas necesarias a la hora de garantizar derechos tan importantes como la integración escolar y la inserción laboral.
Desearles, para finalizar, una fructífera sesión de trabajo y volverles a reiterar mi apoyo tanto personal como político en todo lo que contribuya a la mejora de la calidad de vida de aquellas personas que por sí solas lo tienen más complicado. Sin duda, todo lo que hagan en su beneficio merecerá la pena.
Un afectuoso saludo.
Miriam Andrés. Senadora.

lunes, 14 de mayo de 2007

FERNANDO COLINA, el inclasificable


De locos, dioses, deseos y costumbres ó Fernando Colina, el inclasificable

Presentación del libro de Fernando Colina en Palencia el 9 de mayo de 2007.

Este último libro de Colina demuestra que es un autor inclasificable.

Si ustedes tratan de ajustarle a una serie lógica perderán, como yo, el tiempo. No hay serie a la que encasillarle: no es un psiquiatra al uso, no es un escritor con sus tics, ni lleva las señas del intelectual común; no se puede decir que forme parte de ninguna escuela de psicoanálisis aunque lo conoce en profundidad, y ha ayudado siempre que ha podido al despliegue del psicoanálisis en nuestra tierra; ni es el típico infatuado que se sostiene en sí mismo, pagado de sí mismo, sino que hace lazo con los colegas y amigos y dirige revistas y hospitales, aunque sin sumergirse en el paisaje de esa serie tampoco.

Fernando Colina es un fuera de serie.

He tomado este punto de vista para presentarles su último libro y tratar de entender así la selección de los artículos periodísticos que constituyen este espécimen inclasificable que es De locos, dioses, héroes y costumbres. Por otro lado me es imposible leer este libro sin psicoanalizar texto y autor. Pido disculpas de antemano. Pero es lo que se espera de un psicoanalista cuando presenta un libro. Hoy voy a desvelar algunos secretos, pues citando a Simmel el sociólogo, citado por Colina en “El humo del secreto”, el secreto constituye una de las grandes conquistas de la humanidad.

(...)En una ocasión, cuando le invité a una Presentación de Enfermos que realizaba el Instituto del Campo Freudiano en su Hospital, me dijo que no podía acudir porque el sábado a la mañana le dedicaba a escribir su columna semanal de El Norte de Castilla, “Crónicas del manicomio”. Querido tocayo, me dijo, me gustaría mucho, pero no se puede estar en todo, y me he comprometido con el periódico. Traté de convencerle poniéndome como ejemplo, ‘escribo mi columna para el Diario Palentino en cualquier rato libre’, le argüí, pero su silencio me hizo ver que por su parte, él escribía con parsimonia y dedicación un tratado en cada artículo.

Ya vimos en sus libros anteriores, en especial, El saber delirante y en Deseo sobre deseo que comenzaba una etapa de autor. Es verdad que seguía acompañándose de autores, de los clásicos y de los grandes, pero cada vez más hablaba en nombre propio. Decía lo que su Otro, su turista interior, pensaba tras la alegre digestión de sus buenas lecturas y después de muchas horas de vuelo como psiquiatra de barrio y como director de manicomio, sin esconderse detrás de los dichos de otros, por muy clásicos que fueran.

(...)Manuel Rivas, el escritor y poeta gallego, dijo ayer en Palencia, en unas jornadas de poesía, que hay que estar vigilantes para que las palabras no se corrompan. ¿No es ese el esfuerzo de decir manicomio cuando ahora otros lo llaman “edificio”, o locos haya donde otros quieren ver ‘enfermos mentales’? Por no mencionar el intento de llamar, en los colegios, segmento de ocio al recreo, y en los campamentos de verano, veladas a los fuegos de campamento, y en las guerras, daños colaterales a los asesinatos de inocentes. Por eso, en su artículo “Fatuo” recuerda que el positivismo ha hecho un gran daño negando literatura al diagnóstico, y que muchos sujetos, fatuos o necios, están mejor caracterizados así; dicho de otro modo, que un deprimido, puede ser un cobarde, y que la tristitia no debe confundirse con la cobardía moral.

En definitiva para presentarles el libro desde la vertiente del autor como inclasificable, concluyamos el argumento aclarando que si alguien piensa que el autor es un tipo frío, un intelectual gélido, un raro sin pasiones, yerra de plano. Pues él mismo acepta en “Palabras de amor”, página 100, que «nada impulsa tanto a escribir como la pasión». Lo dice justo después de haber afirmado que «La escritura es el resultado más genuino del trato de las palabras con el amor». Si en otra presentación de sus libros le recordé a María Zambrano, cuando afirmaba rotunda que no se escribe sino para defender la soledad en que se está, hoy, le tengo que decir al autor que a juzgar por lo que promueve su escritura en nosotros, sus lectores, que por favor que siga remando aún río arriba, que siga siendo nuestro Catarro, el personaje vallisoletano de uno de sus artículos. Sólo desde lo inclasificable de su posición se puede recibir lo imprevisto de sus escritos, la singularidad de su escritura.

Quiero finalizar recordando un artículo que tituló “Madariaga”, un compañero de trabajo, donde se refiere a él diciendo que «le gustaba la vida, el placer y el trato con la locura. Detentaba la amistad universal. Era tierno, era uno de los nuestros y tenía aura. Hablo de Madariaga». Es un homenaje al amigo donde se refleja la hondura de nuestro autor de hoy. He querido recordar ese texto para decir, hoy, en Palencia, -creo que poniendo voz al sentimiento de muchos vecinos, a la opinión pública ilustrada, que valora los libros como el esfuerzo civilizador necesario-, que es porque Fernando Colina es un inclasificable, -le nombré médico friqui en un artículo en el Palentino-, es por eso que puede decirse, y aún un poco más después de escribir De locos, dioses, deseos y costumbres, que, para muchos lectores Fernando Colina es ‘uno de los nuestros’.

Fernando Martín Aduriz. Mayo de 2007. Presentación del libro de Fernando Colina, De locos, dioses, deseos y costumbres, Valladolid: Pasaje de las Letras, 2007. Salón de Actos del Servicio Territorial de Cultura. Palencia.



martes, 6 de marzo de 2007

La locura encierra un tesoro



Presentación de una Mesa Redonda en León el 23 de octubre de 2002

La mesa redonda de hoy nos convoca bajo el epígrafe “El enigma de la locura”.

Es una suerte estar en León. En nuestra región hacemos existir al psicoanálisis y con ello ganan los que prefieren las preguntas a las respuestas.

¿Qué es un enigma?

Primera aproximación: latin perplexus. Es la perplejidad lo que acontece ante lo inexplicable. Y hay una lógica de lo inexplicable, como hay una lógica de lo inclasificable. Es la perplejidad también una referencia a la división: hay algo en el interior del ser humano que nos habla, que nos divide, que nos deja perplejos.

Segunda: acertijo. Ahí estamos en la invitación a pensar.

Es la historia de la sospecha.

También es una apuesta por la historia y la causalidad de la locura. Y por el término. Conocen la polémica: Bayle en 1854: la causa orgánica de la locura, la arachnitis cronique, la parálisis general.

Y el asunto de llamar enfermedad. ¿Es el depresivo culpable? Entonces por que se le dice: ponga de su parte como ha señalado Colina.

José María Álvarez: la responsabilidad. Sin responsabilidad no hay identidad. “El loco sabe muy bien que cuando se le desposee de su responsabilidad, incluso en las acciones más reprobables, se le hurta también la identidad...Atribuir la responsabilidad de su locura al loco implica garantizarle un espacio a su subjetividad".

Y de ello vamos a hablar hoy.

De que enloquecer sólo es posible a unos. A otros no. ¿La locura puede fingirse? La diferencia con el animal es que podemos fingir fingir. Y ahí estamos en el lenguaje.

¿Cuándo se produce el momento de enloquecer? García Calvo señala incluso momentos en la vida: pubertad, paternidad-maternidad, declinar. ¿Cómo funciona todo en esos momentos?

Una vez en la locura: ¿Qué se puede hacer para ver a un loco estable? ¿Se le puede ver casi no loco?

Son las tres preguntas para hoy.

Con tres ponentes. Que tienen en común varios rasgos: son jóvenes, quieren nuestra tierra, tienen una gran proyección nacional, y se dedican a la enseñanza. Son docentes.


Vayamos a intentar olvidarnos por unos minutos de lo que sabemos. Escuchemos sin prejuicios. Como ellos escuchan al loco, siguiendo la enseñanza de Lacan: entrando en el diccionario particular de cada uno. Colina en “El saber delirante”: el delirio como lo que no miente. Y recuerda a Chersterton: ”el loco es aquel que ha perdido todo menos la razón”.


Delors y la Unesco publicaron un Informe famoso: “La educación encierra un tesoro”. De la misma manera podemos decir hoy que la locura, su enigma, nos avisa de que se encierra allí un tesoro y nuestra responsabilidad como clínicos formados en la escucha es ayudar a desentrañar los acertijos, las voces, el delirio. No silenciar ni tapar. Acompañar en tanto secretarios del alienado.