viernes, 2 de abril de 2010

Viajeros con guía


Conozco a quien estos días va a emprender un viaje. Es una excursión de fín de Bachillerato. Se trata de la 'última' excursión, esa que ya permanecerá para siempre en su retina. Después vendrán otros viajes, seguramente también inolvidables, de amor, románticos, con niños; pero la excursión de estudios, el viaje con los amigos del bachiller, ese tiene un cariz radicalmente diferente.

Es una mezcla de objetivo educativo, de acumulación de conocimientos, de enseñanza, de visita turística, de actividad grupal, de resumen de una etapa, de lo que cada uno quiera sumar a la serie. Pero sobre todo, en nuestra época, es de los escasos elementos que nos restan de ejercicio colectivo de lazo social. Un dique al individualismo y a los recuentos del exigente derecho al goce de cada sujeto.

Sin recurso al alcohol, tan omnipresente en nuestro ocio contemporáneo, aparcando el interés propio por el interés grupal, un viaje con compañeros de estudios es un viaje distinto, singular, único. La excursión de bachillerato, sólo es posible, educativa y humanamente, únicamente va a sobrevivir como institución educativa si cuidamos a la figura de la autoridad, del docente que quiera sumergirse en la aventura de acompañar jovenes de diecisiete, dieciocho años.

Ha de saberse que la mayor parte de las instituciones educativas han renunciado a organizar excursiones, a pedir a sus docentes que suban a un autocar, que duerman en un hotel en el que duermen cincuenta alumnos de bachillerato sin temor a que se prenda, por ejemplo, o a que alguien invente una fuga o monte un escándalo. Si siempre fue complicado, al lector no se le escapa que en los momentos actuales, y a juzgar por los testimonios de quienes tuvieron que verse obligados a suspender este tipo de actividades, es de elogiar, de agradecer y de rendir homenaje público a los docentes, a los profesores, a los guías de este tipo de actividades pedagógicas. Su valentía va a contracorriente.

Las primeras excursiones en el siglo XX, promovidas por la Institución Libre de Enseñanza chocaron de frente con la animadversión del sector que siempre confunde enseñanza con educación. Hoy es asunto de convivencia. Podría resumir en un slogan: se trata de aprender a ceder. O como dice Magris en 'El infinito viajar', no hay viaje sin que se crucen fronteras, las que hay entre personas. Viajar en grupo es renunciar al mero consumismo turístico. Viajar para saber ceder.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 1 de abril de 2010.

1 comentario:

Vir Pinilla dijo...

Una pena que decidan suprimir esa experiencia llena de momentos mágicos y que sirve (en la mayoría de los casos)para demostrar que el vínculo de los padres puede llegar a estirarse como un chicle sin necesidad de estar presente, que te demuestra tu capacidad (o incapacidad) de enfrentarte al día a día por tí mismo y que sirve de puente hacia una nueva etapa en la vida...
Espero que lo pasase bien y que no olvide todos esos momentos, que estoy segura no lo hará.
Vir