jueves, 14 de diciembre de 2017

Ateneo y Asamblea

            Ateneo y Asamblea

Pocas veces habré sentido más el amor a la pequeña ciudad en la que nací que cuando contribuí a gestar el sentimiento de refundación de una institución legendaria que sirviera a la ciudad de Palencia entre 1876 y 1926. Cuando hablaba con la hija del último secretario del Ateneo (1926), Teófilo Ortega, (un escritor olvidado más) sentía ese amor por la historia de una ciudad. Esperanza Ortega, escritora, transmitía también ese aliento histórico. Pudo ser nuestra primera Presidenta. Tras su declinación propuse otra candidata.
Este sábado, un año más tarde, me toca como Presidente electo por una Junta Directiva Constituyente (no accidental como erróneamente se ha escrito) presidir la Asamblea de una Institución, el Ateneo de Palencia, que naciendo en 1876, encontró en el siglo XXI el relevo a aquel aliento de agitación. Y que en las últimas semanas ha crecido tanto en número de socios que pronto alcanzará la cifra de 500 socios, un hito histórico, para el Ateneo de Palencia en todas sus etapas, y en comparación con otras ciudades hoy.
He vivido un duro año de trabajo. Una clara mayoría de esa Junta Directiva Constituyente, que fuera calurosamente proclamada por esos mismos socios fundadores a quienes bautizara en mi conferencia inaugural como “la Quinta del Paraninfo”, ha superado con nota la lógica de las rivalidades imaginarias, la recreación de la armoniosa política del me voy, los disgustos periódicos, y lo que es sobresaliente, con dosis de humor ante los apocalípticos anuncios de desmoronamiento. He sido testigo, y opino que es fruto de su bondad y de su talento a partes iguales.  
Setenta actividades abiertas a miles de palentinos, reuniones en domicilios particulares para programar actos y logística…Hoy, con la ilusión intacta, queda la satisfacción del deber cumplido: aguantar al frente de una Institución y sin reproches a nadie.
Un Ateneo y su Asamblea forman un par elocuente, expresan que la vida intelectual de una ciudad es previa a su vida cultural y socio-económica, y política. Un Ateneo y su Asamblea son política en estado puro: amor por la polis.




 

Nuestras Ítacas

Nuestras Ítacas

            «No tengas la menor prisa en tu viaje» es un verso de Constantino Kavafis que se nos quedó grabado desde tiempos inmemoriales.
            Recordemos su conocido poema Ítaca: «Mantén siempre Ítaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino./ Pero no tengas la menor prisa en tu viaje./ Es mejor que dure muchos años/ y que viejo al fin arribes a la isla,/ rico por todas las ganancias de tu viaje, / sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas./ Ítaca te ha dado un viaje hermoso./ Sin ella no te habrías puesto en marcha./ Pero no tiene ya más que ofrecerte/ Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado./ Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,/ ya habrás comprendido el significado de las Ítacas».
            Es cierto que es mejor siempre el camino que la meta, pero me gustaría centrarme hoy en los viajeros con quienes emprendemos el viaje. Resulta que muchas veces nos defraudan, tanto como quizá nosotros los defraudamos, y decidimos no volver a embarcarnos con ellos en más viajes. No con todos se puede viajar, claro, lo que se descubre una vez ya en marcha, y no hay viaje que no obtenga como saldo una decepción con algún compañero de viaje. Pero, eso ¿quiere decir que no vamos a emprender más viajes?
            Es la respuesta de algunos, no merece la pena caminar junto a otros, pues tarde o temprano se desatarán las rivalidades, los celos, las pasiones del ser (amor, odio, ignorancia), y entonces, conclusión: mejor viajar solos. Otra conclusión, basta de viajes.
            Ambas son salidas falsas. La vida solo tiene una dirección, y no sirve de nada ni el arrepentimiento, ni la conversión en seres huidizos o escarmentados. La defensa del lazo social, de la búsqueda de nuevas ocasiones de viaje, de iniciativas, de emprender nuevas rutas, de dejarnos de nuevo seducir por nuevos objetivos es lo suyo. Es lo sano.

            No tengas la menor prisa en tu viaje es eso. Es mejor que dure muchos años. Y que nunca cejemos de mejorar a otros y de dejarnos mejorar por otros, sobre todo cuando nos dan la gran lección de la vida, el significado de nuestros singulares Ítacas.


Falta de tiempo

Falta de tiempo

            Decía Leonard Bernstein que para conseguir grandes logros sólo hacen falta dos cosas: un plan y falta de tiempo. La verdad es que bajo la urgencia es cuando definitivamente resolvemos, y cuanto menos nos quejamos del poco tiempo de que disponemos y más aprovechamos cada segundo, más eficacia encontramos en nuestras acciones, o al menos así vemos comportarse a las personas más eficaces.
            Pero también es el caso del artista, que si bien se toma su tiempo para idear su obra, normalmente está abrumado. Es el caso de una artista vasca a la que admiro, Idoia, siempre en su Taller construyendo sus títeres, verdaderas y fidedignas recreaciones de personajes, que pueden participar próximamente en una actividad del Museo del Prado. El títere del pintor Velázquez o el de sus Meninas son logradas construcciones que permiten soñar, o si se quiere reflejar nuestras flaquezas.
            En un estimulante libro de Alain de Botton (El arte como terapia) se despliega esa idea del arte en tanto herramienta que contrarresta nuestras debilidades psicológicas. Es una interesante vía para captar por ejemplo por qué nos cuesta tanto recordar, lo que nos lleva a la escritura y al arte. O el amor por lo bello, por el optimismo. O cómo podemos sufrir de manera más provechosa merced al arte. O cómo el arte nos reequilibra cuando venimos de tormentas o de agitaciones cotidianas. O cómo podemos merced a la obra del artista penetrar en nuestra vida interior y atisbar alguna sombra de lo que vamos siendo, de la naturaleza de lo que nos hace gozar, nos apasiona o nos perturba, nos habla desde afuera de nosotros mismos. O cómo nos defendemos o rechazamos el arte que nos produce temores o inquietudes desagradables, cómo sin saberlo repudiamos algo de nosotros al verlo plasmado en la obra de arte.
            Finalmente el arte nos aporta una nueva mirada, una nueva manera de apreciar lo que se nos escapa, lo imperceptible, que está ahí.
            Nuestras flaquezas las vemos en la obra del artista, y si conseguimos como él grandes logros es porque siempre hay un plan, oculto incluso, pero sobre todo porque como al artista siempre nos falta tiempo.

 

Poco que valemos



Poco que valemos

            Lo mucho que debemos,/ lo poco que valemos,/ la nada de los hombres! Son versos de Gabriel Celaya citados por Álber Vázquez en La meta está en Ítaca que acostumbro a leer como entrenamiento la semana de la behobia, ya saben, la popular carrera de veinte kms. que recorre la costa vasca desde Behobia hasta San Sebastián. Dice su autor: “eres algo que no eres, pero la behobia, implacable, te pone en tu sitio”.
            Efectivamente, implacable, sin tregua, una lucha cada kilómetro hasta cumplir los veinte y atisbar Zurriola y el boulevard donostiarra, idéntica para todos, iguales en la determinación de acabar y en soportar las inclemencias del tiempo, un año la lluvia, otro año el exceso de sol, y con las eternas subidas a los altos de Arretxe, Gaintxurizketa, Capuchinos, Buenavista, y Miracrúz. Cuando se corre al lado de tantas miles de personas, más de treinta mil, venidas de los sitios más recónditos, y ver los rostros de sufrimiento, y la alta edad de muchos, esa idea de que “te pone en tu sitio” es muy certera, porque, como todo en la vida, ante el esfuerzo de cada minuto las ínfulas se apagan.
            Es verdad que muchos no miramos el cronómetro, eso se nota enseguida, no hay tal aspiración a determinada edad, hay un otro placer difícil de discernir, y existe la presencia de los ausentes de nuestra vida, algo inefable, que viene a validar nuestra tesis de lo poco que valemos, nuestro tempus fugit.
            También es verdad que la constatación de que nuestro esfuerzo obtiene alguna satisfacción, es un detalle, por ejemplo en mi caso igualar el tiempo del año anterior, lo que me hace confesarme que a pesar de ser un año más viejo, el tiempo no pasa. A sabiendas de que omnes vulnerant ultima necat.

            Seguir es lo que cansa y acabar es difícil”, dice el verso de Celaya, y añade el autor del libro, …pero no te arredres. La behobia es la vida y esta es una lección que sirve. Si, efectivamente, seguir en la vida es lo que cansa. Además esa carrera de este domingo, la behobia, con su dificultad mezclada con el apoyo permanente de las gentes vascas, nos grita cada kilómetro lo poco que valemos. Y lo mucho que debemos.