viernes 5 de febrero de 2010

El copión


Hemos entrado con pie firme en la era del corta y pega. Nunca antes fue más sencillo copiarnos unos a otros. La gran deslocalización subjetiva que es la red de redes permite amplificar este fenómeno hasta el borramiento de las diferencias individuales. No es que usemos el mismo gadget, sea iphone o nuevo ipad, es que el copión nunca antes en la historia ha disfrutado más y ha sido más invisible que ahora.

En un relato titulado "Hombre de la esquina rosada", Borges escribe: 'le copiábamos hasta la forma de escupir'. Eso, que es natural en la infancia, cuando las identificaciones se están construyendo y los niños imitan sin darse cuenta a los adultos de su entorno, o dicho de otra manera tienen una identidad fabricada a golpe de identificación inconsciente, eso que es natural, es absolutamente artificial en tantos y tantos imitadores e imitadoras que pululan por nuestro entorno. Y no es un mimetismo batesiano, que diría un biólogo, es decir un mimetismo inofensivo, sino auténticamente mülleriano es decir cuando el animal mimético adopta la misma propiedad que el depredador. Las horas de televisión ayudan mucho a la copia, y entonces no es casual hallar por la calle clones de tal o cual personaje, y lo que es peor, discursos repetidos, idénticos unos a otros, ideas calcadas de unos y de otros. Porque ya se sabe que para conocer la edad, el sexo y la doctrina de alguien no hay que dirigirse al DNI, sino escuchar atentamente. Así descubrimos su auténtica edad, que no suele coincidir nunca con la que figura en el carné de marras, el sexo al que pertenece nuestro interlocutor, más allá de las apariencias, y a lo que vamos, cuanto de lo que dice es producción propia o simple copia, dicho de otro modo, si ha usado alguna vez la cabeza o ha cortado y pegado.

Lo realmente preocupante no es que nos rodeen los imitadores, sino que cualquier intento de los más capaces por desmarcarse de los copiones choca de bruces con el seguimiento y la persecución del copión de turno.

Pero hay un límite. Cuando alguien decide conocer lo inimitable que hay en él. Entonces eso le da un respiro. Sabe que todos y cada uno de nosotros portamos un disco duro singular, irrepetible, inimitable, y que hay anida lo mejor, lo que no va a ser pasto de la copia y de la imitación de nadie. Resta encriptarlo.


Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 4 de febrero de 2010.

miércoles 3 de febrero de 2010

El pasillo


Desde el XVIII la nueva organización del espacio familiar en habitaciones comunicadas por un pasillo reemplazó a las hileras y a los espacios mixtos. Nuevas funciones aplicadas a cada habitación, comedor, dormitorio, etc... permitieron a la familias una nueva privacidad. De las torres y las 'loggias' o galerías cubiertas de Florencia, espacios que permitian estar en la calle, participar en la vida de la ciudad, se pasó al 'cortile', protegido de los ruidos de la calle, y después al pasillo, verdadero elemento arquitectónico que daba cuenta de una nueva forma de entender la intimidad.

El pasillo fue así, desde entonces, el espacio común, social, colectivo. Así hasta nuestros días cuando las familias del siglo XXI se encuentran y saludan en el pasillo, -no siempre. La intimidad de la habitación del adolescente se considera sagrada y él/ella con su propia TV y su ordenador, encuentra su ventana al mundo, sin necesidad del 'atosigante' tiempo de relación con los parientes, hoy reducidos a padre, madre y hermanos, nucleo mínimo, cuando no reducido a la expresión monoparental. Sin duda otras estancias de la casa son asimismo cotos privados, relegando al pasillo a la función de lugar social.

Igualmente en la vida política durante el siglo pasado mucho se ha cocido en los pasillos. Es famoso el pasillo del Congreso de los Diputados, llamado M-30, donde el paseo de sus señorías ha tejido y cocinado leyes y argumentos, historias y nombramientos.

Y por último en la vida administrativa, hacer pasillo era también una expresión al uso, para conseguir subvenciones o prebendas, para estar al tanto. Hoy, la Red y la posibilidad de hacer cada vez más gestiones burocráticas puede acabar con esas horas de pasillo, pero aún queda algo de ese aroma de la picaresca del pasillo.

Sólo resta evocar el pasillo del Instituto, verdadero hábitat para muchos de nosotros, cuando la masificación de las aulas en los setenta, la disciplina académica, las horas de expulsión de clase, los novillos, y en suma, los espectáculos que convocaba el circular constante de unas y de otros, o profesores y bedeles, le daba esa atmósfera de actividad frenética, de silencio siempre interrumpido. Hoy, a la vez que el espacio propio puede ser enclave de libertad conquistada, no estaría de más hacerlo compatible con los lugares comunes, inventar sitios colectivos, abiertos, respirables. Para no reducir lo comunitario sólo al pasillo de cada casa.


Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 28 de enero de 2010.


martes 26 de enero de 2010

Nuevas técnicas de gestión empresarial


Pocas veces un artículo de prensa me ha parecido más certero. Ha sido publicado hoy 26 de enero en EL PAIS:








Sidi Mohamed Barkat, ayer en Barcelona.- TEJEDERAS


"La lucha de clases se ha trasladado al interior de cada trabajador"


J. M. MARTÍ FONT - Barcelona
EL PAÍS - Cultura - 26-01-2010

"El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. El sujeto emplea al cuerpo. La lucha de clases se ha trasladado al interior del individuo". La serie de suicidios ocurridos en Francia en los lugares de trabajo sería una de las consecuencias de esta nueva organización del trabajo. Ésta es la tesis que sostiene el filósofo Sidi Mohamed Barkat (Tlemcen, Argelia, 1948), profesor e investigador del Departamento de Ergonomía y Ecología Humana de la Universidad de la Sorbona, que ayer pronunció una conferencia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona sobre El futuro del trabajo.

Barkat, que fue director del Colegio Internacional de Filosofía de París combina su condición de académico en la más pura tradición de la excelencia francesa, con sus orígenes argelinos, lo que le ha permitido investigar en el campo de las identidades de los individuos y hurgar sin trabas en la memoria de la colonización o el terror como arma política. Los franceses contra el terror de Estado. Argelia 1954-1962 y Les artifices du pouvoir colonial et la destruction de la vie (Éditions d'Amsterdam, 2005), son dos de sus obras más importantes. Actualmente estudia los cambios sustanciales que se están produciendo en la organización del trabajo y los conflictos que generan.

Pregunta. ¿El fordismo, la organización del trabajo surgida del sistema de producción en cadena creado por Henry Ford, ya no rige nuestras sociedades?

Respuesta. Los sindicatos se batían por reducir el número de horas y aumentar los salarios y, en menor medida, controlaban las condiciones de trabajo, pero no tocaban lo que pasaba dentro del trabajo. Un sistema que ha permitido el desarrollo de la sociedad de consumo, el crecimiento económico, pero que no ha tratado la cuestión de la existencia, de la respiración.

P. ¿Dónde respiraban?

R. Los trabajadores respiraban fuera del trabajo. Con el dinero se podía acceder al mundo, se podía entrar en una comunidad -la comunidad nacional-, un mundo -la civilización- y un espacio -el territorio del país-. Eran objetos de amor y conformaban la identidad.

P. Ahora ya no respiran...

R. La nueva organización del trabajo ha cambiado este relato y los suicidios son el grito desesperado de los trabajadores que sucumben. El Gobierno buscó una razón para los suicidios y los atribuyó a problemas personales. Para mí son un grito de revuelta ante una situación que nos desborda y de la que no podemos escapar; el suicidio abre una brecha para poder tomar el aire, es una cuchillada, como lo fue realmente en el caso de un trabajador de France Télécom que en medio de una reunión se clavó un cuchillo en el abdomen. El que se suicida nos convoca para ver lo que los demás no vemos. Nuestra civilización no es consciente de que está produciendo muertos vivientes, zombis.

P. ¿Se trata de una cuestión de productividad? ¿Cuál es el factor determinante de este cambio?

R. La evaluación individualizada de la productividad crea una división en el interior de la persona. El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. En algunos sectores, ciertamente, se le ha concedido un grado considerable de autonomía, e incluso se puede decir que es más libre. Pero lo que sucede es que una parte de sí mismo -el sujeto- va a emplear a la otra parte -el cuerpo- y le va a pedir una serie de cosas. Si los objetivos que se impone son muy elevados, el sujeto puede pedirle al cuerpo tal vez lo imposible y es así como el cuerpo va a trabajar, no sólo en la empresa, sino fuera de la empresa; por ejemplo, pidiendo al marido o a la esposa que le ayude; formándose a su propio coste. El trabajo ha desbordado completamente su esfera para invadir la esfera de lo privado. Incluso a los trabajadores se les regala material como ordenadores, teléfonos, etcétera.

P. ¿Para ayudarles a trabajar?

R. En realidad para ayudarles a transportar su trabajo fuera del espacio de su trabajo. Ahí es donde empieza el conflicto entre el sujeto que ordena y el cuerpo que obedece. El cuerpo pensante, que es flexible y ligero, no puede serlo más que manteniendo una cierta economía vital; si se le empuja demasiado lejos, es como una máquina a la que se le pide más de la cuenta y se rompe. En lugar de producir ligereza e invención produce pesadez

P. ¿De dónde viene esta contradicción?

R. De las nuevas técnicas de gestión empresarial. Se dijo que los trabajadores ya no tenían razones para sentirse enfrentados al capital; se dijo: hemos hecho del asalariado su propio patrón, ya no hay lucha de clases. Pero el capital -ahora en forma de capital financiero- y el trabajo siguen estando ahí y el conflicto se ha trasladado.

P. ¿Dónde se ha trasladado el conflicto?

R. Hemos trasladado el antagonismo social al interior del individuo. El conflicto social estaba regulado por las negociaciones entre la patronal y los sindicatos, por las reglamentaciones etcétera y por lo que antes definíamos como la comunidad nacional, la identidad..., pero ahora el conflicto está dentro del individuo, y este conflicto es el que lleva a explotar, el suicidio. Se puede hablar de acoso laboral, de jefes malvados, y es cierto, esto está ahí y hay que denunciarlo, pero no es eso lo que sucede dentro de este individuo que se suicida, no es el patrón, es él mismo. No hay manera de establecer una mediación entre uno y uno mismo.

P. ¿Cuál sería el sistema?

R. La cuestión fundamental es cómo se hace correr a la gente. Si usted sólo quiere simplemente trabajar, no le darán ese empleo. Por esto se busca sólo a jóvenes, a gente que cree en esa idea de que son ganadores y no perdedores y que están dispuestos a comprometerse en el éxito, que están por la acción; gente que quiere moverse... El movimiento es el elemento determinante. El segundo elemento es la polivalencia y la reestructuración, lo que supone sustituir la existencia. Pero esta misma regla permite que la empresa diga regularmente que no hacen suficiente. La gente corre para atrapar, no sólo el salario, no sólo el reconocimiento, corre por el simple hecho de correr. Cuando se corre se crea un hilo y si uno se para, el hilo se rompe. Correr es trazar una línea. Esta línea no existe. Sólo existe cuando se corre.


jueves 21 de enero de 2010

La disculpa


De un hecho de educación se ha pasado a una estrategia de habilidad social, sintagma maldito este de las habilidades sociales, tan de moda en algunos ambientes. De un hecho de cortesía, de cuidado por el otro, de respeto, la disculpa ha pasado a formar parte de una táctica aconsejada por el asesor de comunicación. El circuito va así: primero meten la pata, hacen declaraciones raras, o se comportan inadecuadamente, y acto seguido aparecen en los medios pidiendo disculpas. Pero ni tan siquiera se sienten culpables, lisa y llanamente lo hacen por indicaciones de sus asesores.

Desde luego el sentimiento de culpa tiene su recorrido. Sabemos que cuando alguien se siente culpable tiene siempre las mejores razones para ello, y no conviene desculpabilizar. Otra cosa es desangustiar, que sí. Las dificultades con la culpa se avienen muy mal con el tranquilizante, sea químico o bienintencionado, porque su registro está oculto, y sus hondas raíces llevan a escenarios muy protegidos en los que cuesta bastante entrar, más bien hay que colarse cuando el sujeto está más desprevenido y relaja sus guardias pretorianas. Con la culpa, con la vergüenza, con el sentimiento de ridículo podemos, no obstante, comunicarnos con honestidad cuando estamos frente a seres humanos con alma.

Pero con el desalmado cotidiano, ahora asesorado en algún cursillo de habilidades sociales para ejecutivos, nuestra única opción al escuchar sus disculpas es sonreir: soy humano, me equivoqué, pido disculpas, aprendí la lección, nunca más, etc. Enternecedor. Los tipos se quedan tan anchos y hasta puede que despierten aplausos entre el sector ingenuo. Sin embargo este par disculpa-habilidad social es tramposo, es un trabajo de impostura.

Las disculpas son un hecho necesario para la convivencia cuando nacen del interés por el otro, por tener en cuenta que ha podido molestarle nuestra actitud, nuestro retraso, nuestras formas, o simplemente nuestras palabras. Pero cuando pasan a convertirse en el resultado de una instrucción, de un entrenamiento en habilidades sociales son abominables. Esos entrenamientos evitan escuchar las razones del sujeto del inconsciente y sus lógicas, desprecian la subjetividad y anulan la espontaneidad. Otra cosa es pasarse el día pidiendo perdón por existir. Lo peor es que la culpa y la disculpa eluden el sentido de la responsabilidad. Pedir disculpas no es responder de los actos.


Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 21 de enero de 2010


jueves 14 de enero de 2010

El favor


Están los que no pueden hacer jamás un favor, y están los que se pasan el día haciéndolos. Y luego están también quienes son especialistas consumados en librarse de hacer favores a nadie.

El favor hace furor entre los oblativos más obsesivos, aquellos que no pueden ver la falta en el Otro, y cuyo frontispicio lleva en letras gruesas la expresión 'todo para el Otro'. Su entrega es tal que resulta sospechosa, pues no es creíble que por hacer un favor sean capaces de consumir su tiempo hasta extremos imposibles de argumentación, entrega que resulta sospechosa tanto para el desconfiado cotidiano como para el buen psicopatólogo. Para quien siempre hizo del hacer favores a los demás lo esencial de su vivir, la estrategia es clara: suplicar para que se les pida.

Pero hemos de cuidarles pues son especie a extinguir. Y así, el favor es un bicho hostil creciente. Dedicar tiempo a los demás es un imposible para cada vez más gentes, tipos que enferman si tienen que hacer un favor. Y de entre ellos, los peores son quienes, encima, publicitan su efímera gesta.

Los que hacen favores son imprescindibles porque enfrente tienen a quienes siempre ponen excusas para no hacer un favor. Si me lo hubieras dicho unos días antes, ya me gustaría poder ayudarte, ahora me es imposible, no tengo tiempo, pídeselo a otro, son algunas de las recetas que tienen más a mano estos artistas de la evitación del favor.

Pero los temibles de verdad son aquellos expertos en cobrar los favores, quienes tarde o temprano vienen con la factura, demostrándonos que tanta gentileza en su día no era sino producto de un cálculo de siembra para recoger más tarde. De estos entonces hay que huir. El intercambio de favores no es la finalidad, no es eso.

Viene todo esto de los favores a cuento de una queja muy escuchada, la del creciente individualismo que apunta hacia una transformación profunda del lazo social. La ausencia de preocupación por los demás, la búsqueda permanente del propio goce, el tiempo destinado al cultivo del propio cuerpo, y del propio huerto -a lo Rousseau-, el encierro egocéntrico, el desencanto por lo colectivo, el fin de la gran familia, todo ello apunta a un cambio social sin precedentes, a un panorama de segregaciones, de nuevos campos de concentración cuyas celdas unifamiliares y adosadas nos devuelven a un inédito aislamiento en la historia, y al fin de la figura del favor, entre otras bajas.

Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves día 14 de enero de 2010.

jueves 7 de enero de 2010

El lector


Comencé el año viendo mucho cine. Anoche tocó 'El lector', basada en la novela homónima de Bernard Schlink, escritor y juez en la actualidad. La historia habla de muchas cosas, pero destaco la imposibilidad que tiene una mujer para reconocer que no sabe leer, e incluso en un momento cumbre de su vida prefiere no reconocer tampoco que no sabe escribir por lo que en medio de un juicio acaba llevándose la peor parte.

Pero también habla de la fuerza de un amor adolescente. El joven de quince años que le servía de lector fue seducido por ella, veintiún años mayor, y eso le marcó el resto de sus días. Los encuentros amorosos siempre dejan un resto. Es lo que ha querido reflejar Woody Allen en 'Vicky Cristina Barcelona', otra peli de estos días frenéticos de cine. La sacudida de un encuentro amoroso conlleva ambivalencia, o como nos mostró Montaigne, 'amalgama y mezcolanza', cuando afirmó rotundo que el hombre no era sino eso.

Amalgama y mezcolanza que define 'Abrazos rotos' de Almodovar. Fiel a sus fantasmas, firme convencido de su propia mirada sobre el mundo, testarudo en la pregunta acerca de qué desea una mujer, no va a parar a lo largo de toda su filmografía, aunque tenga que terminar una película a ciegas como le hace decir en la frase final al protagonista, no va a parar hasta agotar todas las declinaciones de esa pregunta por la feminidad, y por los vericuetos del alma femenina, ojos desde los que ve en su identificación femenina el mundo del amor y el desamor. Es el interés extremo que tiene su obra, al margen de su indudable chispa creativa. El mejor Almodovar quizá no ha llegado.

Leer imágenes, leer cine es lo que tiene, que seduce tanto como leer libros, placeres ambos. Por eso ahora dudo si seguir con el apasionante Robertson Davies y su 'Manticora' que plantea en medio de su trilogía el psicoanálisis del protagonista con una analista jungiana de Zurich o seguir con el programa cinéfilo y volver a ver 'Agora' o encarar 'El gran Torino' seguido de 'Los años bárbaros'.

Hay siempre nuevas maneras de leer la historia, la nuestra y la de los otros. Es lo que Schlink pone en boca del protagonista al final de 'El lector', que quería escribir la historia para librarsede ella, pero "la memoria se negó a colaborar". Es lo que tiene nuestra memoria, que es caprichosa y juega con nosotros, ocultándonos tesoros, y dejando pistas de rastreo para que encontremos el mapa.

Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 7 de enero de 2010

jueves 31 de diciembre de 2009

Libros del 2009


Estos días de balance han aparecido las listas de libros más leídos o los preferidos por la crítica. Apenas encontré uno o dos de los que compré en este año que se nos muere. 'Anatomia de un instante', de Cercas, y poco más. Los escritores y los críticos tienen sus gustos, pensé, no hemos coincidido este año. Pero cuando me regalan '1001 libros que hay que leer antes de morir', de Boxall, y compruebo lo que a juicio de este autor he de leerme antes de morir, entonces definitivamente entro en coma.

En la lista de los 1001 libros, -se refieren a novelas no ensayo ni poesía-, al menos estaban algunos de mis favoritos: Vila-Matas y su 'Bartleby y compañía', Goytisolo y su 'Señas de identidad', lectura de juventud, Soseki y su 'Kokoro', Flaubert con 'La educación sentimental', y Pessoa con 'El Libro del desasosiego'. Aunque de Sándor Márai sólo eligen 'El último encuentro', de acuerdo que genial, se olvidan de 'Divorcio en Buda', una novela para comprender lo que es un sueño, su interpretación y el deseo amoroso.

En cierto modo esto de las listas de libros me recuerda aquella idea tan sugerente de ordenar las bibliotecas a partir de los libros que no hemos leído, y así, se me ocurre, se podría escribir un libro titulado 'Los libros que no hay que leer antes de morir'. En esa hipotética clasificación entrarían, para mi gusto, los del 'boom' latinoamericano, los de la mujer de Muñoz Molina, no recuerdo nunca su nombre, y los de Lucía Etxeberría, ejemplo paradigmático donde los haya de libros que prenden bien en la chimenea, a lo Montalbán y su detective.

Si tuviera que escoger un libro, recuerdo de este 2009 con que finalizamos esta inolvidable primera década de este nuestro siglo, sería: 'Mil años de poesía europea', de Francisco Rico, un libro de 2009 que perdurará. Están los libros de lectura rápida que sirven para entretener tanto como para atontar, y están los libros que resisten el paso del tiempo. Pues bien, este libro es una grata sorpresa de un caudal inagotable, del estilo de 'Los ensayos', de Montaigne, libros a los que se puede regresar de continuo, pues no son para leer sino para enmudecer. Como el final de la poesía titulada 'La alegría de escribir', de la Nobel polaca Szymborska: "Alegría de escribir/ Poder de eternizar/Venganza de una mano mortal". Palabras para el final de un año, de una década, de un año más de lecturas, y para agradecer la fidelidad de los lectores de esta columna.
Publicado en DIARIO PALENTINO el 31 de diciembre de 2009.

lunes 28 de diciembre de 2009

La Canción de Marta


Seguramente una de las mejores películas que ha creado un palentino. La canción de Marta´, corto dirigido por Abbé Nozal, tiene guiños tanto a lo palentino, como en general a algunas figuras de la infatuación, sea un un pintor consagrado o un galerista pagado de sí mismo, o un empleado de banca sin máscaras.

Esta película premiada en New York, desconocida en Palencia, es un homenaje a las cosas sencillas tanto como la exaltación del talento creativo del autor que recrea algo de su propio mundo de pintor. En pocos minutos crea una de esas historias que hay que leer despacio para ser entendidas, a la vez que son bellas en su propia dicción, en su escena. Historia que atrae e impulsa a ver de nuevo una y otra vez como los buenos libros, seguros de que algo ha pasado desapercibido. Y no hay detalle no significativo: la Coral donde canta Marta es laica y lleva de nombre Voltaire, cartel que cuelga de la puerta del Instituto Jorge Manrique, guiño tan directo como la reflexión en torno a la materia de la que están hechos los cuadros de algunos pintores, o el olor a pintura. Sinestesia a lo Proust, y a la capacidad de algunos autistas para esta mezcolanza de sentidos, para oler colores o saborear sonidos.

Por otro lado la historia de una niña y su poder en el canto es un canto a los poderes de la infancia.

Y al poder del arte. El ser humano necesitó del arte desde que se refugiaba en las cuevas. Algo interno necesitaba representar, algo no podía ocultarse a sí mismo. El arte en ocasiones se alza, como una ola de sentimientos, capaz de arrasar con todo, capitalismos, idiosincracias, estereotipos, absoluciones y prejuicios. Sea cual sea la pena, o la emoción, el arte puede ser un bálsamo o una tortura para el artista. Y para el resto un enigma: qué habrá querido decirnos con tal o cual obra. Por eso lo que adquirimos al comprar arte es la mirada del artista. Su obra no importa entonces más que como un resto. Ver 'La canción de Marta' es también escuchar, y el lector de imágenes sí lee entre líneas puede captar algo que al propio artista se le ha podido escapar. Premio a la mejor película extranjera, la película de uno de nuestros vecinos ilustrados, es éxtima en nuestra ciudad.
El guiño a la sinestesia que recorre la película, quizá explique el exordio que homenajea a Gil de Biedma: 'La luz usada deja polvo de mariposa entre los dedos'. Hay que verla.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 24 de diciembre de 2009.

lunes 21 de diciembre de 2009

Pepe Calderón


Ahí tienen un nombre. Su eco demuestra que ha pasado a ser una marca. Es el destino que aguarda a quien se somete al escrutinio de los medios de comunicación, y a quien entra de lleno en la acción comunitaria. Se presta a que su nombre ruede, anónimo de la persona. Lo acaba de demostrar Casilda Ordoñez en el escrito que dejó preparado para ser leído en la inauguración de la escuela infantil que lleva su nombre: «Pensé que mi nombre cumpliría dos misiones contradictorias. Por una parte sería el identificador del genérico colegio, lo que los lingüistas llamarían una posición especificativa, y por otra parte, está destinado a vaciarse de mí, de mi ser, como se vacía un hueso de su médula, y a rodar, anónimo de mí, en boca de niños y padres. Y me pareció un hermoso y desinteresado destino».

El nombre de un palentino que labora en una acción benéfica, Pepe Calderón, rueda como sinónimo de un compromiso con los vecinos, en este caso, con quienes se encuentran en situación de desamparo a la falta de lo básico, el sustento del organismo.

Ocurre que la acción benéfica de la ONG que preside nuestro admirado vecino no puede ser comprendida como una acción destinada a dar alimentos, reducida a la mera alimentación fisiológica de quien lo precisa. Porque no leer que recibir alimento de alguien implica un signo de amor es desconocer el verdadero estatuto de la alimentación en los humanos, que trasciende a la mera necesidad para entroncarse con el deseo, como nos enseñan a diario gastrónomos o anoréxicas. Es ese signo de amor el que discurre invisible en la relación entre quien da y quien recibe. Se sabe, además, que la demanda siempre es intransitiva, no persigue un objeto, se sabe que lo pedido es de otra naturaleza a la cosa en sí, se pide otra cosa siempre que se pide algo.

El 'hermoso y desinteresado destino' de prestar el nombre para una acción, supone un gran ejercicio, es tanto como aceptar desdoblarse, entre el nombre y el hombre, entre el nombre y lo que los otros pueden hacer con él, sin excluir lo peor, la injuria, el insulto, el descrédito, afición de la peña muy querida por estos lares.

Pero nada de eso ha de importar a los buenos vecinos, a los mejores, prestar el nombre para todos los equívocos posibles.

El ejemplo de Pepe Calderón y su obra en nuestra ciudad debería alentar a los más jovenes a dar el paso, acudir a la busca y captura de un 'hermoso y desinteresado destino', y guardar la Wii.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 17 de diciembre de 2009.

jueves 10 de diciembre de 2009

Empollones


Máquinas fotocopiadoras o ideas. Esa es la cuestión. El estudiante que empolla o el que piensa. El lector que comprende o el que almacena. Ebbinghaus o el recuerdo literal, Bartlett o el recuerdo con significado. Los que pagan por una máquina pero nunca pagarán por una idea. Los que leen o no entre líneas. Los que leen o no su propio inconsciente. Los que saben o no que sus sueños son interpretables.

En el asunto del empolle también está planteada la dicotomía entre los profesores que valoran las cifras, lo literal, el esfuerzo de memorizar, frente a quienes valoran la capacidad de relacionar, de clasificar, de conceptualizar.

Estudiantes que vomitan en los exámenes todo al pie de la letra tal y como viene en los textos han sido siempre muy aplaudidos. Mientras, los lúcidos han pasado generalmente a engrosar el etiquetado de vagos. Los primeros, popularmente llamados empollones de pequeños, luego, de mayores han resultado ser pésimos lectores, incapaces de entusiasmarse con un relato de Borges -salvo que sea el de 'Funes el memorioso', claro. Los segundos, grandes lectores han cultivado la memoria más semántica, la menos literal y fotocopiante, apasionados de la invención frente a lo trillado.

El escándalo de los universitarios que no leen nada, que cometen faltas de ortografía, o que creen que Wittgenstein es una marca de lavadora, y Fermat un nombre de empresa, es el resultado de una enseñanza basada en el absurdo de animar a empollar por empollar y encima premiar con 'dieces' a quien repite linea a linea, palabra por palabra, los apuntes o los libros de texto. En cualquier caso, el empollón tiene de su lado los conocimientos y por poco tiempo, mientras el buen estudiante tiene de su lado la sabiduría.

Es mejor pensar al saber como producto de una elaboración colectiva, y no como resultado individual de un esfuerzo empollón. La cultura, el saber, nos corresponde a todos, y cada pequeña aportación histórica por insignificante que haya sido ha construido el edificio en que se sostiene el acervo actual. El trasfondo es que optemos o por una pedagogía de cooperación o por una al servicio de la competición, el éxito, la disputa y la acumulación de conocimientos cada vez más vacíos de sabiduría. El diccionario define empollar como 'meditar o estudiar un asunto con mucha más detención de la necesaria'. Se podría aconsejar al empollón detenerse, pero en leer el propio inconsciente.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 10 de diciembre de 2009.