miércoles 18 de noviembre de 2009

Las cosas como eran


Los recuerdos infantiles pueden ser motivo tanto de placer como de malestar.

El libro de la palentina Esperanza Ortega es un chollo para quien desee recuperar los recuerdos de la infancia. ¿Y por qué se iban a perder? Pues ciertamente eso es lo soprendente, encontramos muchas personas que no recuerdan nada o casi nada de su infancia. Dicen que han tenido una infancia muy muy feliz pero que no recuerdan prácticamente nada sustancial.

La escritora y poeta palentina construye un relato apoyándose en los objetos de su 'Unwelt' y los escenarios de su familia, de su colegio, del viejo Insti Jorge Manrique. Recuerda a través de los objetos, de los olores y los colores, y así organiza el texto. No es mala puerta de entrada. Hay otras. Pero sobre todo escribe. Escribir, confiesa, le ayudó a ir evocando. En el libro de única tirada que llevamos dentro de nosotros -y afuera-, en ese libro que llamamos nuestro inconsciente, tenemos escrito cada uno de nosotros ese texto de los recuerdos de nuestra infancia. Algunos lo llevan cerrado con siete llaves, que además han tirado y no encuentran, y primero entonces hay que buscar las contraseñas. Otros siempre quieren abrir el libro por el mismo capítulo haciéndonos creer que el libro sólo dispone de esa referencia. Están también quienes nunca leerán los capítulos en los que no salen demasiado bien parados: tienen sus mejores razones para ello. También están los recuerdos/pantalla, esos que impiden ver lo que hay justamente detrás de su velo.

Cuando Esperanza Ortega narra episodios de su infancia no parece cortarse. Al menos a mí me parece genial alguno de ellos, especialmente los que significativamente pueden leerse como pistas claras de sus modos de goce más íntimos. Es una escritora -al margen de su técnica literaria que parece exquisita-, que escribe con las tripas, no adorna. Eso la hace creíble. Cualquier estudiante del viejo Insti recordará sus referencias a profesores -desfilan Don Zacarías, don Simón Mediavilla, don Prudencio, don Eduardo-, y cualquier amante del cine se reconocerá en su papel de espectador de las butacas del desaparecido Proyecciones o del Castilla o del Ortega, -cine que fue propiedad de su padre, el también escritor Teófilo Ortega-. De suerte, que estamos ante un libro en el que se reconocerán muchos palentinos, acierto de la palentina editorial 'menoscuarto'. Un libro que sólo podía regalarme un amigo: el mejor memorialista de lo palentino.


Publicado en DIARIO PALENTINO, jueves 19 de noviembre de 2009

lunes 16 de noviembre de 2009

Soledades modernas


La inmensa paradoja de nuestros días la aporta la comunicación. Nunca antes hubo más y mejores medios tecnológicos para comunicarnos. Pero nunca antes se expresó con tanta fuerza la firme idea de que aumenta la incomunicación humana.

Cómo es posible que en el momento histórico en que no esperamos meses para recibir una carta o noticia, en el instante de la máxima inmediatez y sin demora, en la época de los SMS y de Twitter, justo ahora sea un clamor el sentimiento creciente de soledad, de no ser entendidos, de no estar conectados con nadie.

La soledad puede perfectamente convertirse así en la norma, y de lógicos instantes de sentir la soledad que acontecen a lo largo de una vida, se pase a un estado solidificado, a mantener con la soledad relaciones de pareja, a convertir a la soledad en el verdadero partenaire.

Y así vemos aparecer, cada vez con mayor frecuencia, relatos de sujetos posmodernos adictos a la soledad de la que como cualquier otro objeto de adicción les es problemático desembarazarse. Como el adicto cotidiano, ellos también aman a su objeto, su soledad, más que a ellos mismos.

Y así, de la soledad clásica del trabajador que desempeñaba un trabajo muy aislado hemos ido pasando a contemplar la soledad del periodista, la soledad del político, la soledad del hombre público, la soledad de la mujer rodeada de gente, la soledad del padre de familia. Y en la época de las grandes actividades de la tercera edad, o de la cuarta, la soledad del anciano es un clamor. Y en la época de los 'tuentis' y los 'mesengger', la soledad de los adolescentes tiene tintes de epidemia.

Ahora bien, lo que escandaliza de verdad es la nueva soledad moderna del niño de nuestra época. Abandonado a su suerte, aislado entre una montaña de objetos y pantallas, sin interlocutores profundos, es decir sin personas que le hablen sabiendo avengorzarle, rodeado de gentes que le dan pastillas si tiene problemas, consejos sin que les pida y órdenes seguidas de contra órdenes, el niño moderno vive una soledad inédita en la historia de la infancia.

Cuando se lee a los clásicos que relatan el modo de crianza antigua se observa una constante: se creía firmemente en lo que se tenía que decir a los niños. La quiebra del relato único produce tanto desconcierto como soledad. Pero la diversidad de relatos que explican el mundo y la multiplicación de discursos no puede despistarnos de al menos una idea fuerte: nadie puede estar solo.


Publicado en DIARIO PALENTINO, jueves 12 de noviembre de 2009

jueves 5 de noviembre de 2009

La joven de 'La Olmeda'

La joven de la perla, un solo cuadro, es un polo de atracción de estudiosos y de visitantes curiosos. Acabo de dormir unos días junto al museo en el que se expone, y he podido comprobar cómo en torno a ese cuadro se suscita toda una atmósfera. Coincide la visita regia a nuestra provincia para visitar La Olmeda, uno de nuestros posibles polos de atracción, ahora remozada y re-inventada merced a una inteligente apuesta de nuestra Institución provincial. Eso le da el símbolo de juventud y de novedoso que se precisa para el éxito turístico.

¡Es hora de que por un momento exaltemos el arte y la cultura! Y lo usemos como atractivo. Pensé, a raíz de las últimas noticias que lo que más ibamos a dedicarnos a exaltar eran los objetos que comíamos. Y si no, allá va una muestra: fiesta de la patata, de la alubia, del pimiento...eran las noticias más destacadas en nuestros medios no hace mucho. Parecía no tener fin. De acuerdo con que hay que usar de todo para un noble fin, y sobre todo si se apoya nuestro sector agroalimentario, de acu

erdo, nada que oponer. Ocurre que podemos discutir esto también, como casi todo. Y decir que la esfera oro alimenticia ha de cuidarse, pero la deriva puede llevarnos a hacer de lo instrumental, incluso de lo placentero si se quiere, nuestra única herramienta festiva, y así dedicar muchos más momentos de lo que ya empleamos al círculo alimenticio. Dar vueltas en torno a algo así, sin avance a nuevas conquistas culturales de la civilización, nos situaría en callejones sin salida. Comer, y dormir. Coser y cantar.

Pero al menos ahora recordamos que nuestros antepasados no sólo comían, sino que construían recintos y los decoraban y organizaban una existencia en torno a símbolos.

En el momento del deceso de Claude Lévi-Strauss, el gran antropólogo, que se visite la Olmeda, en su nueva esplendorosa juventud, puede ser su mejor homenaje.

Vermeer pintó el cuadro de 'La joven de la perla' y pasó completamente desapercibido, olvidado durante todo el XVIII. Así 'La Olmeda' yació siglos enterrada hasta que un genial paisano fue descubriendo y dando a conocer al mundo los vestigios de un tiempo triste y alegre, como la expresión de la joven de la perla.

Como nuestros tiempos, por momentos tristes alver nuestra pertinaz despoblación. Por momentos alegres y optimistas como cuando se reinventa la joven Olmeda.


Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 5 de noviembre de 2009.

jueves 29 de octubre de 2009

Dos políticos palentinos

Escuché el viernes en el Colegio de Médicos, en el transcurso de una Jornada, a dos políticos de nuestra ciudad. Y después verifiqué el efecto que sus palabras habían dejado en varios de los asistentes. Aún con matices fue unánime la opinión de que ambos encandilaron al auditorio. José María Hernández y Miriam Andrés, políticos de la Junta y del Senado respectivamente supieron seducir. Es lo menos que podemos pedir a nuestros políticos, que dominen la escena. Ergo, apuesto que en el futuro sabrán cómo hacerse elegir para más altas cotas, y espero que éstas pasen por lo mejor para nuestra ciudad. Ambos demostraron saber que el inconsciente es la política.

Las prácticas de la palabra, que aún subsisten, tienen una repercusión política, por más que se las quiera acotar a las cuatro paredes. Las conversaciones en el despacho del abogado, en el dispositivo del diván y del psicoanalista, en el despacho de un político son lugares donde circula la palabra. Y la palabra tiene sus efectos. Primero sugestión, encandilamiento, etapa que hay que transitar, para ir más allá. Después llega la eficacia simbólica, si se ha sabido ocupar la posición correcta: el uso del semblante adecuado. Finalmente se trata de apuntar al vacío central, aceptar la lógica del no-todo, en política y en esos recintos privados.

Allí el encuentro entre dos actores trasciende lo individual. Esto es lo que han captado los dos políticos de los que hablo: que el ejercicio de la conversación es una decisión política. Que un político cuando acude a un acto, sea del contenido que sea, lo hace en su calidad de puro semblante. Ejerce una representación. No es importante 'per se', como no lo es el psicoanalista o el abogado o cualquier otra práctica o dispositivo de relación. La fuerza de un buen politico procede, como comprobamos en acto el viernes en el Colegio de Médicos de saber ser un representante en medio de una representación. Y eso implica saberse efímero, descontar la derrota que vendrá, descontar que un político no es escuchado por el brillo de su personaje, ni por su oratoria, ni por sus conocimientos. Ni el psicoanalista produce efectos merced a lo que sabe sino a su posición de docta ignorancia. Que la escena social no se convierta en un erial,en un supermercado o en una feria continua de exaltación delo que comemos, dependerá de la relación que cada cual mantenga con su propio inconsciente. Y el inconsciente es la política.

Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 29 de octubre de 2009.

martes 27 de octubre de 2009

Las CIENCIAS INHUMANAS, de Gustavo Dessal (comp.), Ed. Gredos, Colección ELP, 2009.


LAS CIENCIAS INHUMANAS

ENTREVISTA A GUSTAVO DESSAL

realizada por Fernando Martín Aduriz


Acaba de aparecer un nuevo libro de la Colección ELP que dirige Vicente Palomera. Editado por Gredos, en la buena línea estética de anteriores números, se titula Las Ciencias Inhumanas. Se trata de una compilación de artículos efectuada por Gustavo Dessal, psicoanalista en Madrid, y escritor.

Son 23 artículos de otros tantos autores, en su mayor parte psicoanalistas, aunque también filósofos y científicos. Es un libro para desmentir que la ciencia se equivoque con el cientificismo. O que el psicoanálisis como disciplina pueda dejar de tener interés, incluso para los científicos, comprometidos ellos mismos con su subjetividad en las investigaciones que emprenden, en la razón de su empresa, en la verificación de sus efectos. Científicos a quienes les importe que el significante científico pueda sobrevivir a todo fracaso.

Hemos entrevistado para dar a conocer este libro a su compilador, Gustavo Dessal.

FMA-En primer lugar, enhorabuena por este acierto. ¿De quién fue la idea de publicar este libro?

GD-Hace algunos años que vengo considerando la necesidad de este libro. Los psicoanalistas no podíamos seguir de brazos cruzados frente a la creciente colonización que el discurso científico viene llevando a cabo en el terreno de la subjetividad. Se imponía una denuncia importante del cientificismo, que es -por así decirlo- una desviación innoble de la ciencia, que por desgracia se reproduce con gran facilidad en las últimas décadas. Un buen día, de repente, se me impuso el título "Las ciencias inhumanas", y a partir de allí me puse en movimiento para concretar el libro. Reunir veintitrés trabajos en distintas lenguas no ha sido una tarea fácil, pero el resultado me ha dejado realmente satisfecho. Todos los autores supieron captar muy bien la idea, que consistía, entre otras cosas, en poder llegar a un público que no fuese necesariamente especializado en psicoanálisis, y al que poder sensibilizar sobre los efectos deshumanizantes de ciertas discursos y prácticas que se amparan en el método "científico". Escribo este término entrecomillado, para dejar bien claro que no basta con anunciar el carácter científico de una afirmación, para que ésta necesariamente lo sea.

FMA-El artículo titulado “Hablemos de la locura”, de nuestro colega José María Álvarez pone de manifiesto cómo en lo tocante a las enfermedades mentales la ciencia se ha puesto de lado del mercantilismo, de la invención de enfermedades mentales y ha abandonado la clínica clásica, la historia, el psicoanálisis...

GD-Sin duda, a medida que la industria farmacéutica ha penetrado en al campo de la enfermedad mental, la psiquiatría ha entrado en la pendiente de la desaparición como práctica clínica. El psiquiatra se ha convertido en un técnico que correlaciona un listado de síndromes creados a la medida de esa industria, con los medicamentos que esta produce.

FMA-Rosa López hace un relato extraordinario sobre un hecho histórico que pudo cambiar la historia, el encuentro de Heisenberg y Bohr. Quizá algunos puedan ver en este encuentro el momento álgido del libro: dos científicos frente a frente ¿se detendrán ante los avances científicos y las posteriores consecuencias? Dejemos que el lector lo descubra, pero no le parece Dessal que esta entrevista es muy actual...

GD-Absolutamente. Lo que no es tan seguro es que abunden los científicos dispuestos a interrogarse por su papel en el mundo, y por la función que la ciencia debe tener. Cada vez se cuestiona menos la alianza entre ciencia e industria.

FMA-El largo artículo “La reducción cientificista de lo humano”, de Peteiro, un médico experto en análisis clínicos y Fernández Blanco, psicoanalista, finaliza con una llamada a nuestro deber ético: denunciar a las falsas ciencias. ¿Este libro es un libro-denuncia?

GD-Lo es sin disimulo. Algunos colegas me han criticado el título, por considerar que podía herir la susceptibilidad de los científicos. Desde luego, el psicoanálisis no es un discurso que se opone a la ciencia. Pero este libro es el testimonio de que no estamos dispuestos a que en nombre de la ciencia se pueda justificar cualquier cosa.

FMA-Jacques-Alain Miller en “El futuro del Mycoplasma Laboratorium” define sorprendentemente al psicoanálisis como “una nueva forma de discurso, el producto artificial de la logotecnología más avanzada”. Y añade que no es seguro que sus practicantes aún se hayan dado cuenta del discurso inédito al que sirven. ¿Está de acuerdo?

GD-A los psicoanalistas nos resulta difícil tomar conciencia cabal de lo que el psicoanálisis significa. De allí que a lo largo de la historia del movimiento analítico no ha dejado de producirse permanentemente una tendencia a la psicologización de la doctrina y la praxis. Ha sucedido con Anna Freud, y ha sucedido incluso en nuestra Escuela. Es la prueba de que hay algo imposible de soportar en ese discurso, más allá de la pasión con la que los psicoanalistas intentamos sostener nuestra experiencia.

FMA-Vd. mismo dice en el Prefacio que “el querer de la ciencia, su pasión y su deseo de saber, está causado por una ignorancia que le es inherente”.

GD-Es, en síntesis, la tesis de Lacan sobre la ciencia.

FMA-Guy Briole se pregunta por el lugar del médico cuando sabe que el paciente sólo quiere obtener de él un objeto-medicamento....

GD-Su ensayo es muy fino. Desarrolla con mucha pertinencia lo que Lacan señaló a propósito de las relaciones entre el psicoanálisis y la medicina, y cómo el discurso analítico puede servir para reconducir la práctica médica hacia sus fundamentos no sólo clínicos sino también éticos.

FMA-Y por último, una referencia al trabajo breve pero muy clarificador del doctor Santiago Castellanos, y que se titula “Acerca de la impostura científica de las terapias cognitivo-conductuales”. Afirma: “Ninguna de las revisiones sistemáticas otorga evidencia científica a las terapias cognitivo-conductuales ni a sus ensayos publicados”. En la batalla que sostenemos con quienes desprecian al psicoanálisis, este dato es muy revelador, y puede dar muchas pistas a los psicoanalistas y los debates que mantienen...

GD-El doctor Castellanos ha realizado una excelente investigación sobre este tema que valdría la pena proseguir. Sería fundamental que algunos psicoanalistas estuviesen dispuestos a profundizar en la teoría de las TCC. Su carácter "científico" es otra de las grandes estafas que gozan de la aquiescencia del los poderes universitarios y sanitarios.

Muchas gracias Gustavo y mucho éxito de ventas. Y de lecturas.

19 de octubre de 2009.

Entrevista publicada en el BLOG de la ELP el 21-10-09. Ver: http://www.blogelp.com/


lunes 26 de octubre de 2009

Los psicoanalistas defienden que sus terapias redundan en la sociedad


Los psicoanalistas defienden que sus terapias redundan en la sociedad
NORTE DE CASTILLA. 24 de octubre de 2009.

Una veintena de especialistas y pacientes abordan las consecuencias del psicoanálisis


La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Castilla y León celebró ayer en Palencia la XIII Jornada de Psicoanálisis con la participación de una veintena de profesionales y pacientes, que expusieron sus experiencias en intervenciones de diez minutos como máximo. Fernando Martín Adúriz, miembro de esta organización y uno de los ponentes, explica el objetivo de este encuentro. «Pretendemos transmitir que los efectos de la experiencia psicoanalítica redundan en lo colectivo, y van más allá de los beneficios que los propios sujetos que se avienen a pasar una temporada en el diván obtienen en sus vidas, en sus síntomas, en su lazo social o en su cuerpo. De esta experiencia se beneficia la colectividad, el entono, la familia, los amigos… Por esta razón, pensamos que estas jornadas debían celebrarse de cara al público, conectando con la sociedad», asegura el psicólogo palentino.
La sesión se celebró a puerta abierta en el Colegio de Médicos. «Se trata de comprobar después los efectos que tiene hablar en público de la cura psicoanalítica y de la experiencia psicoanalítica», apostilla Martín Adúriz.
La crisis económica no está afectando especialmente a las consultas de los psicoanalistas. «En cada época histórica, los síntomas van variando. Los síntomas de nuestra época son más que la emergencia de la crisis, es sobre todo un déficit de la palabra. En este sentido, hay una necesidad de inmediatez: resolver ya los problemas. Y los problemas a veces no se resuelven de inmediato. Hay un recurso, que es la no palabra, acudir más bien a la ingesta química, a la solución de los problemas por vía química. Esto supone aplazar el problema. Lo que sí nos encontramos en época de crisis es gente que trata de solucionar las dificultades en un primer momento con las píldoras, y a veces las píldoras pueden solucionar un pequeño momento inmediato, pero el problema de fondo sigue ahí», asegura Fernando Martín Adúriz.
El perfil de los que se sientan en el diván es muy amplio. «Es imposible encontrar el denominador común. Lo que es verdad es que cada vez acude más gente con menos prejuicios a la figura del psicoanalista, ya que acude sin el miedo a que otros piensen que si lo hace es porque tiene grandes problemas», añade.
Para el piscoanalista, «el perfil ha pasado de personas con una absoluta gravedad en sus dificultades a personas que entienden que les viene bien alguna vez en la vida sentarse en un diván». «Antes hasta se ocultaba lo de ir al psicoanalista, era casi un estigma, y esto ha pasado a convertirse en algo normal. Yo he tenido pacientes de 3 a 90 años, jóvenes, padres e hijos, de todo», concluye Adúriz.

viernes 23 de octubre de 2009

El psicoanálisis cambia la vida



Fernando Martín Aduriz • Psicoanalista

«El psicoanálisis cambia la vida»

Bajo el título Efectos del psicoanálisis, Palencia acoge hoy una jornada en la que una veintena de personas contará su experiencia psicoanalítica y los efectos subjetivos de su encuentro con el análisis (Colegio de Médicos de 17 a 21 horas).

Fernando Martín Aduriz participará hoy en las jornadas.

ÓSCAR NAVARRO
ESTHER MARÍN

Cada uno sabe cuál es el momento en el que puede precisar la ayuda de un psicoanalista y emprender un viaje cuya ruta precisa la colaboración de un profesional.
Las jornadas que hoy se celebran cuentan experiencias reales y directas. ¿Se puede hablar en público de los efectos que produce el psicoanálisis?
Se puede y se debe si se quiere ayudar a otros y compartir con ellos una experiencia que tiene mucho de singular y que en el pasado ha sido muy enigmática. Se debe preservar la intimidad y el secreto, por supuesto, pero es de una ética intachable el transmitir socialmente los efectos de una experiencia que, no se olvide, redundan en la colectividad.
¿Cuáles son esos efectos?
No son unos u otros determinados. Hay quien habla de un sustancial cambio en sus relaciones sociales, o en el modo de asumir responsabilidades o de sobrellevar mejor lo que es inercial en cada uno de nosotros. También hay efectos invisibles para todos menos para el propio sujeto; hay quien refiere el fin de las jaquecas que le habían acompañado toda la vida, etc... Pero lo que es llamativo es que en todas las intervenciones sobresale la idea de un cambio sustancial en la vida. De que el psicoanálisis les cambió la vida.
Ese cambio de vida, ¿no es exagerado o ambicioso?
El psicoanalista lo que se propone es escuchar. No sabe nada del que le pide cita y, si está en la posición correcta no inunda con un saber previo, sino que pide a quien le consulta que sea él o ella quien lleve la batuta, quien diga lo que sabe de sí mismo y las razones de sus problemas.
En general, la gente sabe mucho más de las verdaderas razones de su sufrimiento, de su malestar o de sus síntomas de lo que nos pensamos. El psicoanalista se reserva en la operación un lugar no invasivo, pero decisivo.
¿Y quién puede o debe acudir a un psicoanalista para comprobar esos efectos?
Todos menos los idiotas, es decir aquellos que prefieren sufrir en secreto que reconocer que las cosas no van. Tampoco son bien recibidos los impostores o psicópatas, para estos no hay arreglo posible porque no subjetivizan que ellos tengan problemas, son siempre los otros los culpables. Lo mejor es que sea el propio interesado el que tome la decisión. Otra cosa es que se engañe y no vea la realidad o prefiera dejarlo para más adelante.
¿Existen edades?
He tenido pacientes de tres años y de 90. Cada vez más gente mayor se propone vivir mejor sin ansiedad, sin pensamientos agobiantes, sin miedos absurdos, sin tristeza permanente... Porque un poco de tristeza no viene mal. Ya escribió Benedetti que había que defender la alegría, incluso de la propia alegría.
¿Con qué patologías se sientan los pacientes en un diván?
Los jóvenes y adolescentes con patologías de consulta, porque estamos en una época de difícil palabra. Existen ahora muchas cuestiones relacionadas con hiperactividad, ciberacoso, adicciones, apatía, tristeza...
Los más mayores lo que quieren es hacer un ejercicio de lectura de su propia vida. Se trata de un viaje en el que van dos personas: una lleva lo que le pasa en su inconsciente y su responsabilidad en los desastres de que se queja y otra es el psicoanalista que puntúa ese texto liado.
¿Los efectos de las sesiones son rápidos?
Los efectos terapéuticos se pueden ver en unos dos o tres meses, pero aunque los síntomas se hayan estabilizado, muchas personas quieren seguir adelante y saber más.
Se puede confundir la labor que realizan un psicoanalista, un psiquiatra y un psicólogo. ¿Qué diferencias existen?
Lo que propone un analista es un amplio ejercicio de lectura de un único libro: el propio inconsciente, que es donde está escrito el guión de nuestra vida.
La gente necesita más hablar que tomar píldoras y lo que propone un psicoanalista es hablar. El saber auténtico de lo que le pasa a una persona lo sabe ella misma, ya que síntoma y sujeto están estrechamente relacionados. Con píldoras la gente no se cura y lo sabe.


ENTREVISTA EN DIARIO PALENTINO, hoy viernes 23 de octubre de 2009. Entrevista de Esther Marín. Foto de Óscar Navarro.

jueves 22 de octubre de 2009

Minorías lectoras

Invito desde esta columna a sus lectores habituales a participar en una jornada de lectura diferente. Será mañana viernes por la tarde en el Colegio de Médicos. Verán los detalles en la agenda. Nos quejamos demasiado en nuestra ciudad de ciertas carencias, pues no demos demasiadas excusas, al menos quienes no hayan perdido el gusto por leer.

Hablarán lectores de un libro muy singular, su propio inconsciente, y de los efectos de esa lectura en sus vidas.

Desde luego ese viaje no lo hicieron en solitario, pues conviene recordar que nadie es un libro abierto ni para si mismo ni para los demás, sino que para la ocasión se hacen acompañar de un Otro que puntúa la lectura. Pero de ambos viajeros, analista y analizante unicamente hablará éste último.

Si mi memoria no falla es la primera vez que en nuestra ciudad se propone un ejercicio así: dar cuenta pública de una investigación privada, y acaso incluso íntima. Tenemos una ocasión, calculo que única, es decir, algo que no se repetirá tan fácilmente por estos lares, de escuchar los efectos que a veintidós ciudadanos lectores les ha supuesto su paso durante una temporada por un diván. La referencia es de las películas, pues la cultura ha tomado para sí justamente la pregunta por lo enigmático, y a la vez claro, del discurso inconsciente y los dispositivos inventados para escucharlo.

Hoy puede ser oportuno preguntarse qué es leer. Y saber si se ha superado la etapa en que analfabeto era quien no sabía las letras del abecedario. Quizá atravesemos una nueva etapa y constatemos que la lectura es un ejercicio social, colectivo. Por eso interesa comunicar lo que leemos.

En realidad toda lectura es interpretativa, pues el lector está implicado con su propio filtro para dar sentido a lo que lee. No hay lectura neutra por tanto. Por lo que el analfabeto de nuestra época sabe leer y escribir. Otra cosa es saber cómo entiende e interpreta lo que lee. Y ahí nos topamos con agentes intermediarios inquietantes que orientan las lecturas. Y el resultado es el que es.

Por ello recurrir a la expresión minorías lectoras puede ser un recurso. Una posibilidad para acudir al ágora de otro modo: saber si las minorías pueden perder el miedo a reconocerse como tal, y sumar a más y más vecinos ilustrados a proyectos varios y diferentes de hacer ciudad. Este viernes veremos públicamente los efectos de una lectura de ese libro de única tirada que es nuestro inconsciente. Continuará.


ARTÍCULO publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 22 de octubre de 2009.

miércoles 21 de octubre de 2009

EFECTOS DEL PSICOANÁLISIS

DEJO EL ENLACEhttp://bit.ly/O8jfE, para conocer el programa de la Jornada de este viernes 23 de octubre en el Colegio de Médicos de Palencia sobre los EFECTOS DEL PSICOANÁLISIS.

sábado 17 de octubre de 2009

Ágora palentina


Tras ver la última de Amenabar pensé en traspasar el argumento de la película ambientada en Alejandría al escenario de nuestra ciudad, Palencia. Una imagen no cesa de insistir desde entonces en mi cabeza. Es una historia que relata el escritor húngaro Sándor Márai en sus 'Diarios. 1984.1989'. La obtiene de un libro sobre la vida cotidiana de los etruscos, civilización que según Márai se dedicaba a usar todo el ingenio humano en idear torturas al cual más crueles. Un monarca etrusco, señor de Caere ataba a los presos a cadáveres, pero cara a cara dejándoles así, vivos, hasta pudrirse junto al muerto.

La parte más viva, en personas, en jóvenes, en ingenio e iniciativas de la ciudad de Palencia parece condenada a vivir atada a la firme decisión de la pulsión de muerte de todo un sector de ideas y gentes empeñadas en la repetición, esto es, empeñadas en que nada se mueva y todo lleve el marchamo de lo mortal, incluso de lo mortalmente aburrido de una atmósfera mortecina.

La inspiración sólo parece ser obligatoria para unos pocos, así como la inventiva. El resto ha decidido montarse en el autobús y esperar que otros conduzcan. Apacibles, en su cotidiano confort, deseosos de que todo siga igual, esperando la muerte lenta sin cuidados paliativos para toda una ciudad, lo grave no es que gocen de la repetición del trayecto, no, es que no dejan la más mínima variación en la ruta. El peso de la mirada de control de los segundos sobre los primeros es tal que demuestra lo acertado de la metáfora de Márai: ambos se encuentran encadenados.

Lo vivo de nuestra ciudad se encuentra atado a lo más mortecino. La salida de los más jóvenes es vivir en otra ciudad, expectativa asombrosa que los más viejos apoyan: ¡no te quedes aquí, que no hay futuro! Y la inmensa mayoría de los padres saben que cuando sus hijos universitarios salen de casa ya sólo volverán al ritmo de la música del anuncio, a casa, por navidad.

En unas décadas, salvo que se haga algo, nuestro Ágora será un museo. Toda la ciudad un museo donde se conserven los objetos de otra época. Y la 'biblioteca palentina de Alejandría' puede que no sea destruída, sino conservada como se conserva aquello que nos recuerda el tiempo que nunca más va a volver. Desconozco cómo librarnos de los agoreros que hablan de una ciudad dormida a la vez que se niegan a despertar ellos mismos. Lo sorprendente es que no queramos ver nuestro destino a lo Caere.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 15 de octubre de 2009.

Publico a continuación los comentarios de la edición digital:

  1. Como dice Enrique, es deseable la acogida comprensiva al artículo. Lo peliagudo reside en eso de lo "comprensivo", lo cual incluye la lectura comprensiva, y de eso anda la cosa jodida por estos lares.
    Bueno, al menos en esta provincia está la FASA, el Carrefour, etc. .
    Luego vendrán las ferias y fiestas de San Antolín con su exitoso balance... y vuelta otra vez. Aparte de todo, Don Fernando, se le nota que le duele su ciudad. Es lo que hay, pero también es cierto que puede haber algo más. Por el momento le recordaré algo que le dije hace meses para que no mute el talle: "En esta vida hay que decidir qué se es, si viento o montaña".
    Saludos y a seguir espoleando a este percherón de ciudad.

    JESÚS ROBLES - 16/10/2009 · 18:25 H.
  2. Publicare vuestros dos comentarios en mi blog: son parte del Articulo. Gracias Tomas y Enrique
    En cuanto a Evaristo me alegra concitar su interés.

    FMA - 16/10/2009 · 01:06 H.
  3. Interesante artículo.

    EVARISTO - 16/10/2009 · 00:22 H.
  4. Esa Palencia que a ti te sugirió Ágora, vino a mi mente, en otra dimensión claro está, y en escenario diferente, viendo la película Los Sustitutos, donde seres robotizados sustituían a los humanos en sus tareas, mientras éstos permanecían impasibles en sus casas, inertes, silentes, resignados... En Los Sustitutos, o sea, en la ficción, los humanos vuelven a tomar las riendas gracias a un héroe. Aquí se necesitan muchos para que la población despierte y tome las riendas.

    TOMÑAS MARTÍN - 15/10/2009 · 09:34 H.
  5. Una reflexión tristemente antigua y totalmente acertada. Una nueva e inspirada forma de decir lo que vivos y muertos nos estamos repitiendo desde hace años.
    Desde la autoridad moral de quien está despierto frente al cadáver y trata desesperadamente de soltarse y despertar a los demás, pues hay un tertium genus integrado por los que, atados al cadáver, se han resignado también a ir muriendo lentamente.
    Una forma muy valiente de señalar el peor de nuestros defectos como ciudad y provincia. Te deseo una acogida comprensiva.

    ENRIQUE RIVERO - 15/10/2009 · 07:40 H.