jueves, 27 de marzo de 2008

BoBos


Cada mes me propongo hallar en el Marais la estela de los BoBos parisinos. Y ellos se me resisten, por lo que restan como imaginación de lo que pueden ser. Y no bastan sus fotos. Al igual que se huele la locura, el olor de estos nuevos personajes de nuestra época puede darnos pistas buenas de su esencia. Como los hippies en su día y después los yuppies, hoy los BoBos, los bohemios burgueses, concentran en su gesto una buena parte de la subjetividad de nuestra época.

Con alta dosis de creatividad, con el halo de lo imprevisible, del ingenio en sus venas, han sabido unir ahora el arroz burgués del dinero amplio. La mezcla de bohemia y de burguesía da un mixto, felizmente bautizado por sus iniciales inglesas: bohemian-bourgeois.

Su anagrama: BoBos, no va a tener buena prensa en castellano. Idiotas no son. Más bien son parte de la misma élite de la que formaron parte tanto los hippies de los sesenta como los yuppies de los ochenta. Son producto a imitar. Lo que al igual que les sucediera a hippies y yuppies, es muy probable que acaben confundidos ora entre sus imitadores, ora entre sus mercancías, entre los objetos que les distinguen del resto de los mortales, y se tendrá que hablar de ‘los primeros BoBos’ para acertar a intuir a quien nos estamos refiriendo.

Estos tipos han nadado desde la cuna en la prosperidad y se han sabido rodear de unos buenos títulos universitarios a lo que han sumado su disciplina de trabajo y su ambición de prosperidad clásico en el retrato del burgués occidental. Por ello la mezcla de bohemia, caracterizada por el desprecio de éxito económico lo que conducía a formas de vida marginales, soñadoras, poéticas, a tiempos empleados en ‘cosas que no sirven para nada’, y de burguesía, experta en cuidarse mucho de la salud monetaria y de la eficiencia en el trabajo da como resultado este híbrido que es el BoBo.

Los BoBos serán imitados por los millones de cazadores de identidad que habitan el mundo nuestro. Sujetos que ansían asentarse en una identidad: a veces se reconocen por la pertenencia a un grupo determinado, a un club de fútbol, a un grupo de enfermos, a un grupo de activistas, o como afectados de algo o parte de un grupo monosintomático. Estos sujetos, ávidos de pescar un disfraz que les proporcione una identidad para presentarse ante el mundo, irán, de seguro a buscar identidad en el colectivo de los BoBos. Colectivo tan atractivo como en su día lo fueron yuppies y hippies, reflejos de cada época. Estos sujetos, cazadores de identidad son mitad imitadores, mitad impostores.

Los imitadores destruyen el original a base de deformarlo. Y los impostores sencillamente lo suplantan, hasta el punto de que son capaces de decir que ellos son en realidad los auténticos BoBos.

Por todo ello, mejor conocer cuanto antes, de cuerpo presente, la realidad de esta estirpe, los primeros BoBos, que aunque suele anidar en la banllieu parisina, se pasea por el Marais.


1 comentario:

LuisM dijo...

Estos imitadores, tienen varias opciones, a saber:
ser BoBo,
hacerse el BoBo,
pasar por BoBo
o hacer BoBadas,
difícil elección.
Habrá mas de uno que opte por todas.