jueves, 12 de abril de 2007

Generación 1970





Entre la generación de mayo del 68 y las posteriores de 1985 -los mileuristas- y de 2000 -aún fabricándose-, se encuentra una generación que ha tenido muchos nombres, y que parte del mítico año de 1970, frontera máxima y desde los cinco últimos años de la década de los cincuenta -es decir los nacidos entre 1955 y1970-. Una generación que ha tenido a la década de los sesenta como el escenario de su infancia. Pues bien, resulta que esta generación ha sido y es la generación-base, artífice de los mejores años de progreso y estabilidad social y económica de la historia de España.

Quienes tienen ahora entre 37 y 52 años son la base de la pirámide de población, el pilar de la sociedad, los mayores contribuyentes, y el armazón en el que descansa la estructura de nuestra vida social, económica y política. Y todas ellas y ellos vivieron una peculiar educación, la anterior a la EGB en su mayoría, pues la ley Villar Palasí es de ese mismo 1970. Vivieron primaria y preparatoria, y los duros y exigentes campamentos de verano de entonces. Una generación que dedicó un año o dos a cumplir con el servicio militar, si era varón. Una generación de la espera, una generación del baby-boom, una generación que estudió bachillerato durante seis años más PREU o COU, una generación que se formó bajo unos valores y unos principios, discutibles o no, pero que formaban parte de un mínimo macrorelato universalmente aceptado.

Quienes tenían menos de quince años al llegar a 1970 vieron sin duda el primer capítulo de una serie televisiva que hizo furor, "Verano azul", y vieron cómo sus padres se compraban el primer televisor, el primer teléfono, el primer seiscientos.

La generación 1970 conoció al llegar a la treintena, al cumplir veintimuchos o treinta y alguno, el despliegue de Internet y se sumó de inmediato, no así la anterior generación, la de mayo 68 ni la de la posguerra que lo vieron desde siempre como un mundo hostil y lo aguantan a regañadientes.

Es por todo ello una generación asombrosa en nuestro país. Sólo hay que saber de dónde se partía y con qué mimbres ha sido capaz de dar la vuelta a un país y de seguir pasando la antorcha de lo mejor.

Como ha recordado alguien en un Powerpoint que circula por la Red, era una generación que marchaba en bicicleta sin casco, viajaba en el Seiscientos o el Renault 4 de su padre sin cinturón de seguridad y en viajes de 12 horas, jugaba en parques infantiles con columpios de metal, se pasaba el día en la calle jugando a las cosas más inverosímiles, de la mañana a la noche, y que usaba pantalones cortos aún en invierno. Una generación ilocalizable, sin móvil, que se peleaba cada día por bobadas, para arreglarse a continuación con un abrazo, que se abría la cabeza jugando a pedradas y que se arreglaba con mercromina y sin denuncias en el juzgado, que bebía agua a morro de cualquier fuente, y que jamás usó en la playa crema de protección solar de factor 35.

La generación que tenía siete, doce, catorce años en 1970, comenzó a incorporarse al trabajo en la década que va de 1980 a 1990 ¡Esa generación ha logrado con su trabajo de los últimos 25 años continuar la obra de las generaciones anteriores, en especial la de la posguerra y situar a su país en términos de potencia! Parece increíble. En fin, se habló del milagro alemán con Adenauder, y quizá haya que hablar del milagro en España de esta generación.

Durante tiempo los psicólogos y los psicoanalistas se interesaron por un efecto psicológico denominado efecto Zeigarnik. Venía a decir que si uno se acuerda de algo es de lo que ha fallado. Mejor siempre que algo falle a proclamar que nada es imposible.

Es muy posible entonces que merced a todos los fallos que vivió esta generación, todo lo que faltó, todas las carencias con las que se encontró, lo que haga que en la actualidad se viva una corriente de nostalgia y de recuerdo de aquellos años, patente en la música, el cine, la moda y las series de televisión. Y lo curioso de todo esto es que lejos de anclarse en la nostalgia, que es improductiva, la generación de 1970, la del ColaCao-desayunos-y-meriendas, aún pedalea a toda máquina, en jornadas de trabajo interminables, escucha en los medios que se tendrá que jubilar a los setenta años o más, copa incansable los viajes de turismo, dirige con rigor sus empresas, contribuye para pagar la pensión de sus padres, aguanta el tirón de las mofas de sus hijos por su ignorancia ante algunas tecnologías, y asombrosamente apenas enferma. No se les puede pedir más a quienes han pasado del socatira al golf y de comunicase con los demás a través del triciclo en los años sesenta a escribir weblogs en los primeros años del siglo XXI. Acaso, que no mire tanto atrás, que siga guardando las penas en el fondo del morral.

1 comentario:

Luis M. dijo...

Es la generación que, para adaptarse al siglo, aprendió costura y descosió el fondo del morral para perder por el camino las penas antiguas, transformo viejas filosofías, y del “cuando seas padre, comerás dos huevos” paso a la forma reflexiva introduciendo un “te” en medio de la frase, y está en camino de entender que la nostalgia es un refugio sin paredes ni techo.
También es la generación que ve atónita como alguno sus anhelos se cumple, pero no como esperaba, a los quince años todos soñábamos con el “calentamiento global” y hoy nos enteramos que es otra cosa.
Y así nos va.