lunes, 15 de enero de 2007

Los Mentirosos Patológicos tienen más sustancia blanca


Resumen de una PONENCIA EN BARCELONA, IV Jornadas de la ELP-Escuela Lacaniana de Psicoanálisis-, 25 de noviembre de 2005.

LOS MENTIROSOS PATOLÓGICOS TIENEN MÁS SUSTANCIA BLANCA


“...no sólo por la falsedad pasan mis vías, sino por la grieta demasiado estrecha para encontrarla en la falla de la finta y por la nebulosa sin puertas del sueño, por la fascinación sin motivo de lo mediocre y el seductor callejón sin salida del absurdo.” Jacques Lacan, (1955), “La cosa freudiana...”, p. 394, Escritos 1 (1984, Siglo XXI).

Lacan afirmó la seducción del absurdo. Y lo denominó callejón sin salida. Es el término a destacar, pues hoy hay abiertos notables callejones sin salida que pasan por ser de utilidad pública, cuando obedecen a intereses privados, y no son útiles para el público.

1. Noticia de diariomedico.com[1]. Un estudio publicado en el Bristish Journal of Psychiatry acababa de mostrar las diferencias estructurales de los mentirosos patológicos; por vez primera se observaba con imágenes de resonancia magnética las peculiaridades de los cerebros de los que no pueden decir la verdad. La mentira como un asunto de cerebros. Todo el problema psicológico de la mentira reducido a una predisposición genética o neuronal o química para mentir, cuando no a la amígdala. Citemos a Lacan en “La cosa freudiana”: «Hombres, escuchad, os doy el secreto. Yo, la verdad, hablo»[2].

2. Las habilidades sociales. Una especie públicamente inútil, demostrémoslo. A) Como significante no es el más afortunado: más bien hay que desconfiar del hábil social; todos somos exiliados, torpes sociales, por ello lo útil, paradójicamente, es realzar los valores de la inhabilidad social en tanto más verdaderos, y marca del exilio como «lo más precioso que puede tener un sujeto[3]». B) Como filosofía de base. ¿Cómo no darse cuenta de que «Hay una necesidad de la mentira por el solo hecho de que es imposible decir lo verdadero sobre lo verdadero, ya que cuanto más se lo intenta más se miente», como enseña Jacques-Alain Miller en La naturaleza de los semblantes[4]? ¿Por qué, entonces, confundir las verdaderas mentiras del neurótico de las mentiras del canalla, que sabe la verdad y la esconde? Diálogo entre el Subcomandante Marcos y Vázquez Montalbán: «... Cuando nos dicen o nos critican ¿por qué usan máscaras? ¿Por qué se esconden? Un momento. A nosotros nadie nos miraba cuando teníamos el rostro al descubierto...»[5]. Luego hablaremos de las operaciones de rubor facial. C) Supuesta eficacia de los programas de habilidades sociales. Hay que empezar a hablar de la inutilidad práctica de los programas cognitivos de habilidades sociales. Un ejemplo reciente. Un interno en una cárcel catalana y su psicólogo. Tras aprobar los cursillos de habilidades sociales, y las pruebas pertinentes, el psicólogo estaba convencido de que su alumno podía disfrutar de su permiso carcelario. Informó de ello. La noticia de primera plana en todos los medios reflejaba la posterior depresión del psicólogo de marras. Su alumno había aprovechado su primer permiso en años para asesinar y violar a dos jóvenes mujeres policías. Las habilidades sociales se las sabía de memoria. El goce también fue hábil.

3. Los autistas tienen dificultad para mentir. Según los autores del estudio que antes mencioné, los autistas disponen de menor cantidad de sustancia blanca prefrontal, y por eso mismo no pueden mentir con facilidad. ¿No será más bien que las dificultades de los autistas son con el lenguaje equívoco? Un ejemplo de nuestra práctica. Un autista, ¿Asperger?, no es reconocido como tal en el caso de un niño de seis años que no habla o habla muy poco. Va al psicoanalista por recomendación de un psiquiatra quien, a la vez que le receta Rubifén desde hace un año a consecuencia de su hiperactividad, también sospecha que pueda tener algún trastorno psicológico. En el colegio recibe tratamiento de logopedia porque piensan que la dificultad es con el lenguaje pragmático, no con lo simbólico. El psicoanalista verificará los efectos terapéuticos rápidos tras una interpretación analítica, y así, tras estudiar el caso en una supervisión, encuentra la ocasión de interpretarle su pertinaz silencio y le hace ver, casi con las mismas palabras que le había escuchado a su supervisor semanas antes, cómo en su infancia más remota, en sus nueve primeros meses de vida, fue su madre quien no le hablaba casi nunca, razón de sus constantes lloros, aplacados, al decir de las vecinas, por el regreso del padre a casa. ¿Efectos de esta interpretación? La frecuencia de su conversación con los demás fue recuperada para alegría de los padres, sorpresa de la maestra, y por supuesto, vanagloria de la logopeda, artífice, según todos, del milagro. Sucede que a los autistas se les puede hablar en tanto psicoanalistas, si no nos ocupamos de ellos, es decir de sus demandas, tal y como mostró Lacan en Ginebra y repite asiduamente Di Ciaccia[6].

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6. «Todos los cretenses son mentirosos, dice Epiménides el cretense». Éric Laurent señala que siempre hay que recordar, al escuchar la confesión de una mentira, la idea de Koyré de que Epiménides no desea juzgar la moral de los cretenses, puesto que se puede ser un mentiroso y confesarlo, sin por ello dejar de serlo. Y añade Laurent: «Lacan extrajo de la identificación la fecundidad del acercamiento a estas paradojas para el psicoanálisis, es que el sujeto es el índice de la paradoja misma»[7]

7. Por último, las operaciones de rubor facial. Mientras que producir vergüenza sin fijar a un goce sería nuestra finalidad en psicoanálisis puesto que, tal y como señala Hebe Tizio en Freudiana[2], «el rubor -que dice en el cuerpo y no en la palabra- calla y denuncia, al mismo tiempo, una verdad», los objetivos de los implantes de chips de titanio ETS-C, a través de una simple operación donde se practica una simpatectomía torácica selectiva, son impedir el enrojecimiento facial. Así es como se trata mediante la cirugía, la ereutofobia, el miedo a sonrojarse. Se consigue, después de la operación, mentir, disimular, ofrecer otra cara, a cualquier interlocutor, quien no vería el sonrojo -hay pequeños efectos secundarios, uno es la sudoración en exceso en la espalda en el 50% de los casos-, y así se supone que se cura la fobia social.

La utilidad pública del psicoanálisis es hacer digno el síntoma, escuchar la verdad del rubor facial, cuestionar el implantarse nada en un cuerpo, que siempre se goza a sí mismo, disociar al S tachado del S1, desenmascarar al mentiroso compulsivo, hablar al autista, mostrar el lapsus como un mensaje y una muestra de verdad. Es útil para el público el psicoanálisis, al diferenciar las verdaderas mentiras del neurótico de las falsas mentiras del canalla, no importando por tanto un poco más o un poco menos de sustancia blanca.


[2] Ver LACAN, J., (1955), “La cosa freudiana o el sentido del retorno a Freud en el psicoanálisis”, Escritos 1, México: Siglo XXI, 1984, 10ª ed., p. 391.

[3] Ver GAULT, J-L., (2005), “Qué quiere una mujer”, Análisis, Palencia: GEP-CL, p. 30.

[4] Ver MILLER, J. A., (2002), De la naturaleza de los semblantes, Buenos Aires: Paidós, p. 104.

[5] Ver VÁZQUEZ MONTALBÁN, M., (1999), Marcos: El señor de los espejos, Madrid: Aguilar, p. 142.

[6] Ver especialmente DI CIACCIA, A., (2003), “Hace veinticinco años”, pp. 80-82, Cuadernos de Psicoanálisis, Bilbao: EOLIA.

[7] Ver LAURENT, É., (1999), Las paradojas de la identificación, Buenos Aires: Paidós, p. 45.

[8] Ver TIZIO, H., (2004), “La vergüenza y la actualidad de su falta”, Freudiana, núm., 39, pp. 43-46, Barcelona: Paidós.


Ponencia publicada en SISO, Revista de la Asoc. Gallega de Salud Mental-AEN, núm., 43, Vigo: ASM, 2007.

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